Capitulo Ocho. "El Guardian del Espejo".


    No hay espejo más profundo que el alma cuando se atreve a mirarse a sí misma sin huir.

Nefer Setkme despertó una mañana con una sensación extraña: no recordaba haber soñado, y sin embargo, sentía que alguien la había observado mientras dormía. No con ojos físicos, sino como una presencia antigua, familiar. Se levantó sin pronunciar palabra. Algo la guiaba, como un hilo invisible.

Siguió el sendero de piedra del templo, atravesó pasajes ocultos que jamás había recorrido antes, hasta llegar a una sala subterránea que parecía respirar sola. En su centro, una estructura jamás vista: un espejo de obsidiana negra, redondo como la luna, sostenido por dos brazos de oro con forma de serpientes entrelazadas.

No se reflejaba su rostro. Solo sombra.

Entonces lo sintió. Detrás de ella… o dentro de ella. El Guardián. No tenía forma, ni voz. Era su otro yo, el que había estado con ella en cada vida, en cada elección, en cada momento donde el alma se parte y se redefine.

Una voz brotó desde el mismo espejo:

—Has cruzado portales, has tocado el alma de los Dioses, has sanado con luz, pero ¿te has mirado de verdad?

Y la sombra tomó forma. Era ella. Pero con ojos que habían llorado siglos. Con manos que habían amado y destruido. Era su reflejo sin filtros, sin títulos, sin vestiduras sagradas. Era la suma de todos sus yos. Y también el eco de lo que podría llegar a ser.

—No soy tu enemigo —dijo la figura—. Solo soy el guardián de todo lo que has negado de ti misma.

La prueba no era pelear. Era mirar sin miedo. Sostener la mirada. Aceptarse entera: luz y sombra, amor y odio, paz y heridas, sagrado y humano...

Nefer Setkme no retrocedió. Tampoco huyó. Dio un paso adelante, y al hacerlo, el espejo comenzó a mostrar escenas: momentos donde mintió, donde hirió, donde dudó… pero también donde salvó, donde amó más allá de la forma, donde decidió desde el alma y no desde el ego.

Comprendió que la divinidad no está en la perfección, sino en la honestidad de quien se atreve a ver su reflejo completo y seguir amando.

El espejo desapareció. En su lugar, un pequeño disco de obsidiana quedó en el suelo. Lo tomó y en él, grabada  quedo una frase:

“Quien se ha reconocido en el espejo, ya no necesita máscaras para caminar en el mundo.”

Desde ese día, Nefer Setkme caminó distinta. No más sagrada, ni más poderosa, sino más completa.

Porque sólo al conocer al guardián interior…
…podemos custodiar a otros.

    Es un llamado a mirarte sin miedo o acaso tienes temor de tu Guardian interior? hagamos necesario el auto reconocernos para así poder custodiar a otros.

              

                                                                 Williams Ravello...

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